Yo llego a la ESMA solo. Ya había oscurecido y el único dato que tenía era que debía que entrar por la puerta que está sobre Av. Del Libertador, frente a una estación de servicio PDV. Llego y no había lo que se dice ni un alma. Empujo la reja gigante y entro. Una chica sale de una garita, me saluda con buena onda y yo, anticipandome a que me hable, le digo que vengo al centro cultural. Ella me pregunta si tengo email. Me toma un poco por sorpresa pero enseguida adopto la actitud del que para mi es renormal que me pidan el mail y se lo doy. Anota y me indica cómo ubicar el edificio: "mirá, vas derecho por acá y vas a ver una luz así toda amarilla qu...bueno, ya te vas a dar cuenta cuando estés ahí, es re el único lugar con luz, así iluminado, te vas a dar cuenta".
La chica me da un papel con el programa de las actividades del centro cultural, agradezco y comienzo a caminar hacia el interior mismo de lo que antes fue la Escuela de Mecánica de la Armada y ahora es un conglomerado de edificios regenteados por organismos de derechos humanos. Era una calle oscura. Aunque había luces, no llegaban a iluminar bien. La mayoría de los edificios dentro del predio aún no están listos. Es todo muy nuevo. Muchos o en remodelación o cerrados y no tienen luces. Podés caminar varios varios metros rodeado de la oscuridad suficiente como para paranoiquearte mientras te decís "groso loco, estoy en la ESMA".
Primera vez en la vida que entro acá, y en la puerta, en vez del DNI o carnet de milico de mierda, me pidieron el mail nomás. Recorro con la mirada una calle lateral y pienso: "seguramente alguno debe haberse querido escapar por acá y lo bajaron en esta calle, desde esa torreta". Me imagino toda la secuencia, la sangre, todo. Por un momento es como
Escalofrío. Frío. Me cierro el abrigo. Me abrazo, tiemblo. ¿Timeblo por el frío?.
Después de caminar una cuadra casi a oscuras sin ver a ninguna persona, puedo divisar a unas chicas sentadas en una especie de palenque en la esquina, fumando, muertas de frío. Y más allá, por fin la dichosa luz amarilla. La chica de la puerta tenía razón. No hay modo de equivocarse. Cuando llegás ahí, te re das cuenta.
Continúa...
