Esto me lo contó mi hermano:Alguien tocó insistentemente el timbre de casa, como en estos días no está funcionando bien el portero eléctrico, salí a ver quién era. Vivo en planta baja y desde el pasillo pude notar que quien tocaba tanto el timbre era un hombre ciego, quien supuse que me iba a pedir algo. Así que di vuelta sobre mis pasos (total no me había visto) y encaré la vuelta a mi casa. Al instante me ganó la moral. Desistí de la canallada de hacerme el boludo y me acerqué preguntando sin abrirle la puerta:
-Jefe ¿Qué necesita?
A lo que el no vidente respondió a los gritos:
-Disculpe doctor que lo moleste, es que me echaron de La Solidaria hace un mes porque tenía que vender 100 boletos por día y sólo vendía 35 y ahora estoy vendiendo lapiceras porque por mi situación no puedo conseguir trabajo.
Yo, con un tono fuerte (un poco para aplacar sus gritos) le digo:
-No tengo un mango, tigre.
Y él, como si además de ciego fuese sordo, continuó su discurso:
-Son dos lapiceras por un peso
Yo insistía en negarme pero el tipo siguio hablando y concluyó resignado:
-Bueno doctor, si puede hacer algo para que la situación del país se mejore y así pueda tener un mejor trabajo, se lo agradecería. Gracias doctor. Pero antes, una cosita... ¿Voy bien por acá ? porque no le quiero romper nada.


