Mi tío Florencio, de quien supe recientemente que hace bastante tiempo supo vender flores en los tranvías de la ciudad de Rosario, solía ir con mi viejo al fondo del Boulevard Avellaneda, a esperar a los pescadores que, temprano en la mañana, traían para vender lo que habían pescado durante la madrugada. Iban en un Ford T, cargado con 3 gabinetes de heladeras en los que ponían algunas barras de hielo para conservar la mercadería. Luego volvian al centro y usaban el vehículo como pescadería ambulante.
Mi tío Florencio es epecialmente corto de paciencia y cuando alguien insistía con preguntas, o mostraba muchas mañas al elegir el pescado, él comenzaba a los gritos y revoleaba los pescados al medio de la calle, al grito de "¡DÉJENME DE ROMPER LOS HUEVOS!"
Mi papá intentaba calmarlo y lo manda a cazar pajaritos, pero no como forma literaria, sino que de verdad lo mandaba a cazar pajaritos. Florencio iba, se paraba frente a los arboles bajos y cuando veia que un pajaro se distraía lo tapaba con su saco.
Mientras mi viejo lavaba los pescados y seguía atendiendo la pescadería solo.
Comentarios históricos (3)
Qué lindo!! Yo siempre quise revolear pescados… como Ordenalfabetix!!
Cada familia es un mundo
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Hay que llevar todo esto a la pantalla grande!