Mi tío Florencio y mi viejo vivían en la ciudad de Rosario. Tuvieron varios tipos de negocios (ojo, no a la vez) y solían ir al mercado central a comprar mercadería. Uno de esos días se dió el siguiente diálogo:Florencio: -Buenas...
Vendedor: -Qué tal muchachos, ¿Qué andan buscando?
Florencio: -Escuchame querido ¿Cuánto querés por todo?
(El tipo calcula rápidamente y les dice un precio)
Florencio (con total seguridad): -Dame uno.
