Gracias a mi amiga Adriana, recuperé uno de mis juguetes favoritos de cuando era niño. El Mario Bros. Un jueguito doble pantalla, de Nintendo que estaba buenísimo y que al volver a tenerlo en las manos (después de tanto tiempo) me atropellaron un montón de sensaciones en simultaneo. Primero, recordé el con cuánto deseo y pasión anhelaba tener ese jueguito en particular. Despues, recordé el esfuerzo de mis viejos en comprármelo (porque eran carísimos). Luego recordé el 'Mundo del juguete' en donde lo compramos, que después fuimos a ver a mi viejo a su laburo para mostrárselo; las horas y horas que pasaba jugando tratando de llegar a los 300 puntos sin perder ¡y en Game B!. Se pueden bajar una versión emulada haciendo click acá. Pero (a pesar que acordármelo más grande) no hay nada como tener el original.



La felicidad que causó ese juguete tapó por completo cualquier remordimiento que hubiera podido sentir. NOTA: Niños, esto no es un buen ejemplo para ustedes.