
El otro día, en el cumpleaños de Dieguez fuimos a un lugar y uno de los baños no tenía el espejo colocado, estaba el espacio en la pared vacío.
Lo que me sorprendió fue que después de lavarme las manos, me miré en esa pared, como si el espejo estuviera, y casi por acto reflejo, me pasé la mano por el pelo como para acomodarlo y me fui.
Tardé bastante en darme cuenta de que no me había visto reflejado.
